jul
1
2011

NUESTRO AMOR VIVIDO…

La mayoría de las personas con las que hablo me expresan su nostalgia por los amores vividos, algunos incluso sus amores de juventud! Como suelo decir, la memoria desvirtúa con el tiempo nuestros recuerdos y sentimientos hasta llegar a mitificarlos y, lo que es peor, hacernos sentir nostalgia por ellos. Detras de esa percepción de la mente se esconde una trampa en la que la mayoría de nosotros caemos, vivir en el pasado o en el futuro, sin vivir el hoy! ¿Cómo era nuestra vida entonces? ¿Cómo era, en realidad, nuestro amor en aquella época pasada? ¿Qué pedíamos y qué esperábamos de la vida en aquellos momentos de ilusión y en la que no teníamos apenas nada que perder en la entrega siempre algo desmedida por alguien extraño, muchas veces, simplemente “afín”?

La verdad es que deberíamos reconocer que nuestra vida y, por tanto, nuestro amor de juventud o la mayoría de los amores pasados, poco tienen que ver con nuestra vida y nuestro amor de ahora! Cuánto nos gusta rememorar nuestro primer amor… y qué lejos estaría de nuestra realidad de hoy! Creemos ver allí, en la vida pasada y en nuestra memoria, nuestro amor de verdad y nuestra felicidad! ¿No estaremos rememorando el pasado por temer el presente? ¿No desearemos, incluso, fabricar nuestro presente solo a partir de nuestra nolstalgia del pasado o basándonos en el futuro por venir?

Ni que decir tiene, que han habido “amores” en nuestra vida que poco o nada tenían de amor, aunque nos parezca lo contrario y/o sintamos nostalgia! Cuánto nos cuesta a veces reconocer los errores, incluso los que nos hicieron sufrir! Y aunque quizás lograron distraernos o alejarnos de la temida soledad, demasiadas veces también nos alejaron de nosotros mismos y, por tanto, de nuestra verdadera felicidad! Guardamos fotos, poesías, momentos, recuerdos -e incluso, algunos, hijos fruto de ese presunto amor- que rememoran dulces momentos pasados, es verdad, pero, en honor a la verdad y siendo honestos, no siempre llenos de amor y felicidad, como queremos pensar!  En realidad, sobre todo si se trata de presuntos amores de juventud, tal vez hoy echamos en falta la pasión inicial desbordada, la poca contención, la escasa responsabilidad y/o la transgresión permanente… pero, reconozcámoslo también, preferimos olvidar la profunda ingenuidad y/o ignorancia sobre nuestra esencia, sobre nuestros ideales y la falta de perspectiva -y de valor-  ante la vida real! Y el amor de verdad  no puede -ni debe- basarse nunca en la ignorancia ni en otro momento que el hoy! ¿Qué felices éramos cuando éramos ignorantes? ¿Para ofrecer y recibir amor, no hay primero que ser consciente de lo que eres, das y deseas recibir? ¿Debería ser, por tanto, siempre el último amor el más pleno y el mejor?

En los últimos meses he tenido el dudoso placer de ser espectador -cuando no, víctima- de un amor ajeno e incipiente, juvenil y, por llamarlo de alguna manera educada, desbordado y egoísta, a dúo! Era una relación -como todos hemos tenido alguna que otra vez- entre dos personas que buscan el reequilibrio de sus egos (dominante-sumiso), combinan sus revolucionarias hormonas y se aíslan de todo lo demás, concentrándose en ellos mismos y en su proyecto de vida, presuntamente común! Huelga decir que, más que amor de verdad, lamentablemente hay mucho egocentrismo, ilusión pretendida y deseo compartidos… además de una cierta dosis de renuncia de cada uno de ellos, por el bien de la relación! Evidente y lamentablemente, aunque es deseable que cambie y evolucione con el tiempo, ese tipo de “amor” tiene fecha de caducidad… ¿Será por eso que creemos que el amor es ciego y que siempre dura lo que dura?

Alguien dijo que el deseo sexual es la flor, el color es el amor y la fragancia es el amor de verdad, al que no todos llegan! Porque la fragancia es ese “otro” amor más verdadero, que requiere entrega total, pero a partir de la propia conciencia de uno mismo y del otro! Es, además, un amor envolvente, pues se expande a todo lo que vivimos y nos rodea, es, por decirlo de alguna manera, un amor total, una actitud y por tanto fruto de la libertad personal y de la necesidad de trascender a ese amor solo terrenal que nos pretenden vender como cierto, aunque la experiencia demuestre que es poco duradero, porque muchas veces es un amor mental, más basado en sentimientos elaborados por la mente y por gestos o rituales aprendidos,! El verdadero es un amor integral, basado en la esencia del ser, en su alma y en las emociones que nacen en ella!

El ser humano crece continuamente, por tanto toda su epidermis, sus instintos y sus sentimientos cambian continuamente, al albur de las circunstancias cambiantes y del paso del tiempo, a través de la cotidianidad y, muchas veces, de la propia convivencia! Uno, de un día para otro, puede -y suele-  encontrarse en compañía de un extraño! Como decía, el ser humano tiene la capacidad de crecer, que no es otra cosa que reencontrarse con lo que siempre fue, es decir, su esencia… que se perdió en los propios avatares de la vida, cuando por “amor” incluso éramos capaces de renunciar a nosotros mismos y traicionar esos valores inamovibles y eternos que guardamos en nuestro interior, es decir, la paz y el amor! Así, tras los aparentes brotes de adrenalina, el deseo irrefrenable y la emoción desbordada, el amor verdadero debe estar alineado con nuestro ser esencial, debe procurar y resonar con esa paz y ese amor que reposan en nuestra alma hasta que tenemos el valor de desenterrarlos y de vivir de acuerdo a ellos, creciendo cada día! ¿Qué mejor obsequio de la vida que sentir -dar y recibir- y compartir la paz de nuestra alma?

Seguramente, hasta llegar a ese amor de verdad, hay que haber pasado por un corto o largo aprendizaje basado en errores, esa es la realidad del ser humano que aprende de ellos y, por tanto, del sufrimiento! Particularmente siento -que no, pienso- que mis relaciones sentimentales pasadas hoy no serían válidas para mí, como seguramente no lo lo son tampoco ciertas amistades, ni algunas circunstancias de mi anterior vida, ni los momentos vividos entonces! Hoy mi amor ya nace en el alma, luego es maduro, consciente, libre, coherente y responsable conmigo mismo y ante “el ser integro y amado!” y, por tanto, requiere del otro esa madurez, esa conciencia, libertad, coherencia y esa responsabilidad para poder compartirse y crear verdadera felicidad! Porque, ni que decir tiene, que ya no supone una fuga de la soledad, como solía ser, porque hoy mi amor ya contiene esa dósis de soledad que es aceptada como algo inherente al ser humano. Lo mismo ocurre con el silencio, también necesario para despertar la conciencia, para reencontrarse cada uno consigo mismo y, por otro lado, fantástico para compartir con el ser amado… y dejar de llenar el vacío compartido con palabras vacías! Como importante es compartir día a día la piel, los gestos, los rituales, los guiños e incluso las adversidades, que hacen cada día más intenso, fuerte y duradero el amor! Al fin y al cabo, se trata de esa emoción -humana y espiritual- que une a dos personas diferentes que anhelan sentirse uno solo para siempre, pero sin dejar de ser dos personas singulares! Pero, además, deben confiar mutuamente para siempre estar dispuestas a compartir el crecimiento y esa felicidad creada entre ambos, siempre mayor que la de cada uno de ellos por separado! Emoción consciente, amor verdadero nacido del alma y compartido en el hoy, con sentido en una vida plena es igual a verdadera felicidad!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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