ene
12
2012

¿AMAS A LOS DEMÁS COMO A TI MISMO?

Siempre he pensado que la historia y la iglesia ha sesgado el mensaje de Jesucristo: “Ama al prójimo como a ti mismo“. Está muy bien como aspiración que expresa el amor necesario hacia todo los que nos rodean. Pero, más alla de esa sugerencia repetida hasta la saciedad, creo que debemos “sacarle punta” y hacerla extensible a todo lo que nos rodea. Es decir, amar a las personas, fauna y entorno natural que nos rodea y nos enseña… y no solo concentrarnos en el ser humano! Siempre he creído que el amor es una actitud en la vida, que se extiende hacia todos y todo lo que nos rodea. Me cuesta entender -lo reconozco- alguien que sea un amoroso padre, hermano, hijo, etc. y, a la vez, pueda maltratar a un animal o a un árbol! Esa doble actitud o moral me invita a sospechar, la verdad!

Otro de los aspectos que creo que se dan por supuesto o que se obvian en “amar al prójimo como a ti mismo” es la necesidad de amarse a uno mismo para ser capaz de amar al otro, al prójimo! Si uno no es capaz de amarse a uno mismo -que, por cierto, nada tiene que ver con ser egoista, como nos han enseñado- es, a su vez, incapaz de amar al otro! Amarse a uno mismo es respetarse, conocerse y quererse… precisamente para valorar y ejercitar con uno mismo lo que uno entrega al otro, a través del amor!

Amar a alguien exije no ser egoista, es cierto! Y ego-ismo viene de Ego, no del corazón que genera el amor. El Ego es excluyente, fruto de la mente y algo que utiliza al otro como mero instrumento de uno mismo, aunque muchas veces lo disfracemos de amor pasional, incondicional e intenso! Amar al otro más que a uno mismo es imposible, porque entraña una cierta negación de uno mismo, supeditándolo a los demás! ¿Amar, sin amarse uno antes? Imposible! No es amor, aunque quizás se le parezca! Y, sin pretender herir susceptibilidades, ni tan siquiera es aplicable en todos los casos al amor de una madre hacia sus hijos! A veces el miedo ocupa el lugar del amor!

El amor de verdad tiene una premisa esencial: está fundamentado en el ser uno mismo y en la necesidad de crecer en y con los otros! Por ello, nunca puede implicar la obstrucción o renuncia a uno mismo, la supeditación incondicional al otro, ya sea -con perdón- una persona, un animal o un árbol! Ambas partes implicadas -y no me refiero únicamente al amor de pareja, romántico- deben ser y procurar crecer mutuamente, o sea, beneficiarse ambas! El tan cacareado “win-win” del management empresarial actual! Cuando para ser, el “amor” requiere la negación, supeditación, la sumisión, la cesión incondicional de una de las partes, eso no permite ser y crecer de una de las partes implicadas! Amar es ser, crecer… ayudando a ser y a crecer al otro, a quien amamos! El amor siempre debe sumar, nunca restar, sino, no es amor de verdad!

Siempre digo que es difícil -por no decir imposible- quererme a mí sin quererme antes a mí mismo. Quizás por eso he tardado tanto en llegar al amor! Algunas de mis parejas históricas se basaban en esa sutil sumisión o relación “maestro-alumna“, por lo que la relación funcionaba, siempre y cuando uno empujara y el otro se dejara arrastrar! Ni que decir tiene que ese tipo de relación -en este caso, de pareja- estaba destinado al fracaso, por la falta de equidad, de equilibrio (en la voluntad, el amor no compara) o de crecimiento mutuo, pues solo partía de la base de la difenciación y descompensación de las personas involucradas! Cuando hoy se me presenta la posibilidad de una relación, tan solo la planteo en el caso de una similar actitud en la vida, un mismo sentido ante la realidad y una meta común (aceptar el destino) de crecer juntos, compartiendo cada uno todo lo que es, ya sean luces o sombras! Creo que es más una declaración de principios propios y del otro y un camino común para recorrer y crecer! Porque yo hoy solo sé amar así…

Cuando uno se ama a sí mismo, no se comparte con cualquier otro, pues alguien no comparte lo mejor de sí mismo con alguien más, gratuitamente. Uno tarda tiempo en llegar a ser y no lo va regalando al prójimo que encuentra, sino que es celoso de lo que atesora y solo desea compartir por verdadero amor! Pero no debe ser con miedo a malgastarlo (paradógicamente, cuanto más amor se da, más se tiene), ni a que el otro haga mal uso de él y nos dañe o para no estar sólo. El amor de verdad exije confianza mútua, no necesita protección, crece cuanto más lo usamos, provoca paz interior cuando nace y llega de verdad al corazón y comparte incluso la soledad, el tesoro más preciado que tenemos, porque es donde somos como somos! Y es imposible contenerlo dentro, sin tener que renunciar a uno mismo, lo que siempre afecta al Alma y ensombrece la vida! Sí, el amor de verdad suma, nos expande a nosotros mismos, nos hace crecer como personas y nace del Alma, no solo de la razón o del corazón! Y el amor de verdad resuena en nuestro interior cuando lo reconocemos en el otro, en ese ser especial… y nos hace felices compartirlo para que siga fluyendo y crezca con la necesidad de sentir feliz al otro, lo que, a la vez, nos procura felicidad a nosotros mismos! El amor verdadero, en fín, es algo que sale espontaneamente de nosotros mismos si lo dejamos salir y si no interponemos el miedo a ser uno mismo, a sentir lo que sentimos y a compartirlo como co-protagonistas de su felicidad!

¿Amarme así me impide o me ayuda a amar al otro? ¿Me amo yo a mí mismo como muchas veces amo al otro? ¿Puedo reconocer y reclamar el amor de alguien sin saber qué es el amor y qué puedo esperar de él? ¿Por qué la necesidad de confrontar el “yo” al “otro”? ¿Ambos no somos necesarios, singulares e insustituibles en una relación? ¿Por qué afrontar el amor como algo competitivo, para lo que hay que pactar y/o realizar concesiones, aunque estas sean compensadas? ¿Lo que veo y admiro en el otro no es, precisamente, lo que veo y valoro en mí mismo… o bien lo que poseo, pero debo explicitar y compartir, para ir aumentándolo cada día? ¿Por qué esa necesidad de esforzarse en buscar y mantener el amor, si es algo que fluye desde el corazón, es decir, del amor a nosotros mismos, puesto que nos ayuda a crecer, viéndonos reflejados en el otro? ¿Por qué “yo o tu“, si el amor precisamente significa “yo contigo” y “tú, conmigo“?

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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