abr
14
2012

¿JUSTICIA, SINCERIDAD Y AMOR, SIN VIVIRLOS YO MISMO, PRIMERO? (y II)

Sigue…

No sé las respuestas a las preguntas anteriores, lo siento! Pero la vida es riesgo, como es responsabilidad de cada uno de nosotros lo que pasa dentro y alrededor nuestro! Y hoy en mi corazón ya solo empieza a haber amor y en mi vida, solo personas que juegan a vivir con valentía el amor que también ya sienten dentro! Personas que han descubierto que la Verdad la llevan dentro y que hasta ahora la guardaban para sus mejores sueños! Y que, con valor y constancia, esos sueños deben llegar a convertirse en realidad, para ser felices y, así, cambiar este mundo y llenarlo de todo aquello que necesita para ser más humano, como la felicidad, la paz, la justicia y el amor! Y saben que es necesario sentirlos dentro para compartirlos luego fuera, en nuestro entorno más inmediato! Y que compartiéndolos, crecen en nuestro interior! Y que compartiéndolos, se expanden por este mundo, que ya urge ser cambiado!

Pero, sin ánimo de lucro negativo, de resignación sin esperanza y/o de crónica actitud en mi vida y sin que sirva de precedente, a la vista de lo que acontece ahora y fuera, en estos últimos tiempos o siempre, aquí en Barcelona o fuera de ella, se me ocurren muchas y variadas preguntas. Veo la realidad -porque existe, aunque esté fuera- pero no busco en ella mis respuestas… porque están en mi corazón y en ellas y en mi actitud en la vida dependerá lo que acepte o no de este loco mundo! Lo que no puedo ya es callarme y contemplarlo como si todo eso fuera solo ajeno o pasajero! La vida me pide que escuche las señales, las sienta dentro… y actúe! Pero para ello solo debo dejar de juzgar lo que pasa fuera y sentir interiormente lo que ahora siento! Y siento que son momentos de cambio personal y colectivo, que estoy orgulloso de que mi estimada Barcelona sea el motor de ese cambio -aunque no de cualquier manera- y de que, por fin, cientos de corazones jovenes y rebeldes se rebelen contra lo que es injusto vivir, para cualquiera de nosotros!

¿No somos todos los indignados, aunque solo algunos se manifiesten como tales? ¿Alguien está satisfecho y se siente feliz en el mundo que vivimos? ¿Por qué ya solo sonríen los altos cargos y los hombres de Estado, en las fotos, en TV y en las altas cumbres, de crípticas y eufemísticas siglas, como G8, G20, FMI, NU, FAO, UE…? ¿Por qué siempre sufren los mismos… o es que en realidad sufrimos todos? ¿Por qué la gente de la calle calla o no vota a consciencia, cuando debería? ¿Por qué los demás no son responsables de lo que pasa, como yo lo soy de lo que pasa en mi vida? ¿Qué papel es el mío, en este mundo insano, imperfecto y autodestructivo? ¿Puedo ser feliz, viendo tanta infelicidad cerca? ¿La violencia callejera no es más que el último recurso de una gente desesperada? ¿La violencia no genera, a su vez, violencia? ¿Cambiar las leyes penales es la solución ante la revuelta callejera? ¿O habría que abrir bien los ojos y entender que esas revueltas son un síntoma evidente de una sociedad que, por fin, despierta? ¿La injusticia en este mundo tiene algo que ver con ser justo primero conmigo mismo? ¿Puedo vivir libertad, amor y justicia, mientras a mi alrededor todo eso no existe? ¿Basta quejarnos, girar la cabeza y callar… o debería yo hacer algo por cambiar y mejorar este mi mundo?

Te traigo aquí un texto ajeno y premonitorio. Reflexiona y siente lo que dice, no te quedes en el personaje ni en cómo lo dice, aunque haya algo de sarcasmo, negatividad y/o de agresividad en sus palabras! Si remueve tu mente y/o tu corazón, es una señal de que algo tiene que ver contigo lo que sucede en este loco mundo que habitas! Posiblemente, de ti depende mejorarlo…

Los amos del Mundo

15 de noviembre de 1998

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.

Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Arturo Pérez-Reverte

 

Pero, aún ante la crudeza de estas palabras, hay algo mucho más simple y hermoso en juego y que mi corazón me dice, como lo es el futuro del ser humano y de lo que queda de un jardín que nos acoje y nos recrea el Alma, con flores!

“Il y ‘avait un jardin” (Georges Moustaki)

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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