jun
19
2012

CÁLIDA LUNA NUEVA

Como cada noche, el gato se dirigió a su tejado. Con un ágil salto, se encaramó a su cúspide para presenciar la estrellada noche! Pero en esta noche de luna nueva, se sentía un tanto apesumbrado! Habían pasado ya 14 días -¿o eran 14 meses o años?- sin haber podido presenciar la plenitud de la luna y ver en ella el bello y sonriente rostro de su amada. Y le pareció una eternidad, aunque entendía que cada cosa tiene su momento! En esta velada la luna estaría ausente, una vez más y como tantas otras, antes. Cerró sus ojos y reflexionó sobre esa ausencia, a la que lamentablemente ya se estaba acostumbrando a amar a distancia… aunque en su gran corazón su ausencia no existía, como tampoco la distancia ni el tiempo que había pasado desde que llegó ella e iluminó su vida…

Y en sus pensamientos vio la gran cantidad de noches sin luna que había vivido en soledad, hasta que ella había llegado al fin a su vida. E incluso fue capaz de ver las antiguas noches de luna llena en las que, a pesar de ello, las había sentido oscuras, hasta algo tenebrosas, sin ella. Y se dio cuenta de que, con o sin luna, desde que apareciósu amor cualquier noche se había convertido en mágica, pues la sentía desde el corazón y no ya solo la veía con sus ojos felinos! Y el paciente gato, desde su tejado, alzó la vista al cielo y suspiró con un ténue maullido…

Él mismo, en su historia cuando vivía su anterior vida de perro, muchas noches había mirado la luna, pero siempre la había sentido demasiado lejana, inalcanzable o, simplemente, ausente. Y eso le entristecía! Y es que solo le habían enseñado a mirarla con sus ojos de gato! Solo mientras soñaba era capaz de ver la luna aunque no fuera visible, como en esta negra noche de luna nueva… Y en esos mismos sueños se veía a sí mismo compartiendo la luna por amor con ella, aunque aún no la conociera! Por eso quizás la reconoció cuando al fin llegó a su vida…

Pero el gato sabía que muchas veces la vida tiene sus propios planes! Y que tal vez debía aprender a esperar a que sus sueños se hicieran realidad en el momento oportuno, ni antes ni después! Y que esa espera no era inútil, quizás tenía su propio sentido: aprendería también a amar en la distancia, a fortalecer su amor y a no temer la ausencia, como siempre había temido! Y así era, estaba aprendiendo también a amar en silencio por amor y a andar su camino por sí mismo, sin miedo y sin poderlo compartir, como siempre había deseado! Y se dio cuenta de que solo así lograría ser realmente feliz… para luego poder compartir su felicidad con ella, si debía ser asi! Y en ese momento recordó que era imposible compartir la felicidad teniendo miedo a perder algo que nunca antes había sentido!

Y cerró los ojos… y miró a la luna ausente de esta cálida y fantástica noche y en ella vió y sintió su amor reflejado, brillante y mágico -como quizás nunca lo había logrado antes- y decidió que, aún con todo, estaba aprendiendo a amar de verdad, incluso durante una noche oscura y sin luna como ésta, en la que miles de estrellas brillantes le recordaban a cada instante y para siempre su maravilloso sueño, compartido!

Y entonces soñó que no soñaba… y que un día no muy lejano su sueño tal vez se haría realidad y lo compartiría con ella, pero que ambos y para siempre serían capaces de sentir su amor en el aire de cualquier noche, con o sin luna o con miles de estrellas! Y entonces se sintió el gato más afortunado de la Tierra…

 

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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