may
21
2012

DE NUEVO, LUNA NUEVA

Muchas veces antes, al gato le había dado miedo la oscuridad de una noche sin luna. Aunque sus ojos felinos le permitían orientarse sin luz, no veía lo suficiente como para saber dónde estaba, andaba paso a paso por los tejados, pero no era capaz de disfrutar de la noche en todo su esplendor! Quizás por eso, en esas noches sin luz ni sombra, solo era consciente de su realidad de gato, sin preocuparse de otras cuestiones y sin tomar riesgo alguno. Simplemente, debía dejar pasar esa negra velada…

Pero también descubrió que ser consciente de su realidad de gato -con sus fortalezas y debilidades- le permitía conocerse a sí mismo, sin tener en cuenta su entorno, que en una noche sin luna, permanecía bajo la oscuridad! En un principio, esa ausencia de escenario le había dado miedo. Quizás porque nunca antes había ejercitado su capacidad felina de andar a oscuras! Y el miedo, en alguna otra ocasión, le había tentado a aferrarse a cualquier cosa que le diera sensación de seguridad! Ni que decir tiene que esa seguridad era solo aparente y que, la mayoría de las veces, su reacción ante la desorientación y la falta de control en la oscuridad había sido, simplemente, quedarse quieto. Inmovil, paralizado por el miedo…

Pero, con el tiempo descubrió que el miedo siempre bloquea y nos impide seguir caminando hacia lo que más deseamos -y merecemos- en nuestra vida! Y recordó una vieja fábula que un humano le contó. Érase un gato que, durante el frío invierno y bajas temperaturas, se dirigió hacia la ventana de una casa y, una vez dentro, caminó con sigilo y prudencia hacia la chimenea que estaba encendida. Nunca había visto una chimenea antes en su vida! Tenía tanto frío que se acercó demasiado y se quemó sus bigotes de gato. Le dolió tanto que salió despavorido y huyó, de nuevo por la ventana. Así, durante noches y más noches gélidas, permaneció en el frío bosque, fuera, alejado de la chimenea, pasando un frío aterrador. Pero su miedo le privaba de acercarse de nuevo al fuego, pues su pasada mala experiencia quemándose le había enseñado una dolorosa lección. Y así, el miedo del gato le impidió acercarse de nuevo a la chimenea, donde hubiera disfrutado de su calor. ¿Cuántas veces el miedo le había impedido obtener lo que necesitaba? ¿No le hubiera bastado ser prudente y acercarse a una distancia prudencial al fuego y así, igualmente, disfrutar de su temperatura?

Y el gato descubrió que, a veces, lo aprendido ayuda, nos da pistas de cómo protogernos y ser cautos, pero que otras muchas veces las experiencias del pasado nos impiden vivir tal y como deseamos… y merecemos. Porque, como pasó con el fuego de la chimenea, pasa también en el amor! El amor exige valentía y ser conscientes de que cada vez que llega a nostros es único e irrepetible, no hay un patrón repetido! Y entendió que el amor es necesario en nuestra vida -como el calor del hogar que le brindó la chimenea- y que, a pesar de los pesares, uno debe siempre dejarse llevar por el corazón! Porque el corazón no engaña, ni su intuición gatuna, sino todas esas experiencias y pensamientos que le habían llevado a temerlo, sin darle siquiera una segunda oportunidad!

Y en esas nuevas noches de luna nueva y oscura, el gato estaba satisfecho consigomismo y con su vida! Quizás por primera vez en su vida, esas veladas sin luna le habían permitido ser consciente de su amor, tal vez hoy lejano y solo soñado, pero que su corzón percibía como el más real, inimaginable y precioso que nunca antes había soñado! Y el gato sonrió! En esta magnífica y mágica noche -como tantas otras- solo debía alejarse de sus pensamientos y olvidar sus experiencias en la oscuridad, para dejarse llevar por lo que sentía en su corazón! Alli, en él, hallaría todo aquello que siempre había soñado para su vida y, se hiciera o no realidad en alguna de sus 7 vidas de gato, le pemitía sentirse igualmente enamorado y feliz! Tal vez la felicidad -pensó el gato- es andar continuamente hacia aquello que nos hace felices, atravesando luces y sombras, pero siempre con el firme propósito de vivir y compartir el amor con quien amamos! Y quizás la tristeza no sea más que resignarse a no sentir el amor que llevamos en el corazón o dejar de soñar que ese amor puede -y debe- hacerse realidad, en su justo momento, ni antes ni después!

Y, en esta nueva noche de luna nueva, el gato subió a su tejado, desde donde como cada noche, compartió su amor con quien amaba y desde siempre había amado sin saberlo… hasta que un buen día apareció e iluminó su vida entera y la llenó de flores de mil colores y de luz, incluso en esas noches sin luna, en las que los demás solo ven tristeza o miedo… en la oscuridad!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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