mar
8
2012

LUNA LLENA DE… NUEVAS LUNAS POR LLEGAR

El gato, como cada día de luna llena, se dispuso a subir a su tejado. En esta ocasión, le parecía que habían pasado ya demasiadas noches sin luna hasta llegar a la luna llena de hoy! Sigilosamente, como siempre, se encaramó al tejado desde donde podría admirarla, charlar con ella o bien compartir su silencio. Tomó asiento y, a medida que la luna llegaba y proyectaba su luz en la antes oscura noche, miró hacia ella y se sintió reconfortado en su corazón…

Y es que, a veces, en el día a día con sol o en la oscuridad de la negra noche, le costaba concentrarse en la energía interior que llenaba su corazón y le hacía sentir feliz y satisfecho. Era como si el amor que sentía quedara oculto por el silencio, la niebla del frío invierno y la mortecina rutina que había a su alrededor, por las calles que durante el día transitaba y donde, cada rincón, le recordaba a ella. A ratos perdía la paciencia y necesitaba una señal para recordar lo que sentía por dentro. En otros momentos, se sentía invadido por la incertidumbre de la gente que le rodeaba, lo que le hacía sentir dolor ajeno. Pero el gato sabía que ese dolor que era capaz de ver fuera era quizás su propio sufrimiento proyectado en los demás. La encontraba a faltar a ella… o quizás el sufrimiento ante la ausencia estaba ya solo en su propia historia y ahora solo deseaba que ella no le encontrara a faltar a él, porque ya estaba para siempre en su corazón! Quizás, pensó, en todo momento no era el super-gato que los demás pensaban que era…

Y no, no era un super-gato, como los demás creían ver en él. Era un gato como todos los demás, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus dudas… al que le gustaba amar y sentirse amado! Solo que él, mientras, había aprendido a buscar lo que requería para vivir dentro de su corazón, donde sin duda tenía y sentía todo el amor que necesitaba! Allí estaba ella y, desde allí, iluminaba su vida entera y plena… y su propio Universo lleno ya de color!

Pero era ante la luna llena, cuando el gato la sentía más próxima, pues sus ojos la podían presentir en cada una de las sombras que se proyectaban en los tejados y en cada teja iluminada disfrutaba de su sonrisa! Con la luna era capaz de sentirla feliz, allí donde estuviera! Y, por ello, en la luz de la luna sentía su eterna presencia y era capaz de sentirse, a la vez, más amado, feliz y vivo que nunca! Porque el gato sabía que, luna tras luna, pasaba el tiempo necesario y que impacientarse era solo no ser consciente del momento que ambos vivían! Y debían dejar el tiempo pasar, porque el amanecer compartido y soñado por ambos tal vez no estaba tan lejano, si es que hubiera de llegar! El lento y a la vez firme ciclo lunar era el mejor calendario y, a la vez, la señal que hacía vibrar su amoroso corazón para que, cada día como hoy, la luna le demostrara que, tras cada noche oscura, hay una nueva luna llena de complicidad y de amor, que iluminará la vida a quienes vivan con el corazón abierto al amor!

Y en cada magnífica y mágica luna llena era capaz de sentir todo eso que hoy llenaba su corazón de amor! El gato se imaginaba paseando junto a ella y sus niñas, allí en el mar del Norte donde nace el arcoiris, bordeando ese plácido lago entre árboles que, desde hacía tanto tiempo, él había soñado compartir, aunque fuera en silencio, pero ya con la complicidad de una mirada compartida. Y entonces imaginaba cientos de flores que coloreaban su paseo, el sol tamizado penetrando entre los frondosos árboles e iluminando el estrecho sendero, mientras el canto de los pájaros, junto a la brisa matutina, daban armonía a cualquier paseo con ella. Y, a la vez, soñaba sentirse mirado y admirado por esos ojillos alegres y diminutos de sus niñas, que les observaban y, de tanto en tanto,  hacían simpáticas muecas ante cualquier movimiento inesperado o ante ese beso furtivo que ambos se daban y que tanto tiempo habían deseado!

Y es que la luna, para un gato como yo, rememora todo eso que silenciamos y llevamos dentro de nuestro corazón! Esta de hoy es la última luna llena antes de que llegue la esperada, radiante y coloreada primavera! Tal vez habrá muchas otras lunas llenas para compartir -pensó con una cierta nostalgia- seguramente muchas lunas más que las vividas hasta ahora, desde su tejado hoy vacío! Y su corazón sabía que cada una de ellas traería la ilusión de una luna ya llena de luz, amor y magia, para compartir con ella! Y, como cada luna llena que pasa, hoy acaba un ciclo y empieza otro en la vida de cualquier gato que tenga el corazón bien abierto a lo que llega, siempre preparado para dar y recibir al amor, aunque sea compartido en silencio y a distancia… solo con ella, sus niñas y desde su corazón!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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