ene
5
2012

SUEÑO MÁGICO EN UNA NOCHE DE REYES

Bastantes días antes de esa mágica noche de Reyes, el gato había comprado unos regalos especiales. Buscó durante días algo que les pudiera gustar y, a la vez, que hablaran por su corazón. Y lo encontró. Para su amor adquirió un bonito broche cuya figura era un gato como él, encaramado a una ventana abierta y en la parte superior había un ratón. Le gustaba la alegoría de esa joya, que había comprado en una elegante joyería del casco antiguo de su ciudad, especializada en piezas únicas. Había estado buscando durante varios días algo realmente original y con significado para ambos y al final lo halló. Buscando algo bonito para las niñas, se había paseado algunos días por la feria de reyes que se celebraba en su ciudad. Después de recorrer varios puestos de la feria, al fin en uno de ellos que vendía juguetes originales de madera, encontró un bonito móvil de colores, cuyas figuras talladas representaban un par de niñas realizando diferentes actividades: estudiando, en un balancín… “Les alegrará mucho y les tranquilizará cuando vayan a dormir -pensó mientras lo compraba- tiene muchos colores y se mueve, si lo cuelgan sobre la cuna“. Solo había un pequeño problema, no sabía exactamente dónde vivían, allí donde nace el arcoiris…

Así pasaron los días, hasta que llegó la tan esperada Noche de Reyes, hoy día 5 de enero. El gato, en esa noche especial de Reyes Magos, subió a su tejado como de costumbre y siguiendo a su corazón, andó mucho rato y despacito e ilusionado, hasta que encontró la ventana de la hermosa casa donde ellas estaban, donde desde hacía ya tiempo también habitaba su propio corazón. Por eso las encontró! Detrás suyo dejó el frío de la noche y, como siempre pasaba, al llegar junto a la ventana abierta, le reconfortó la calidez de esa habitación en ese acogedor hogar que aún desconocía, pero que había visitado antes en sus más dulces sueños. Entró sigilosamente por la ventana abierta. Reinaba el silencio en la habitación. Estaba completamente a oscuras, pero con sus ojos de gato pudo ver que ella estaba durmiendo profundamente en una cama grande y, junto a ésta, estaba la cuna de sus niñas, que también dormían plácidamente. Andó poco a poco y silenciosamente hacia ellas, por la mullida alfombra de tono crudo. Y de un ágil salto se encaramó a la cuna y depositó suavemente junto a los piececitos de las niñas un paquete de vivos colores, con ese regalo de Reyes que había escogido hacía unos días, con gran ilusión. Una de las niñas, la más espabilada y movida desde que nació, hizo un respingo, balbuceó. El gato creyó que se despertaría entonces y temió lo peor. Pero no, siguieron ambas bien dormidas… y el gato suspiró silenciosamente! ¿Qué hubiera hecho si las niñas hubieran empezado a llorar, asustadas al verle allí, encaramado a su cuna? ¿Cómo hubiera reaccionado su mamá, viendo la escena y cómo aquel gato había osado a entrar por la ventana en su habitación, sin avisar? El gato se sintió aliviado y su pulso se calmó…

Luego, desde la propia cuna de madera de las niñas, de nuevo dió un salto hasta la cama de ella, su amor. Comprobó que seguía bien dormida. Con sumo cuidado, andó por el mullido edredón de color pastel hasta la almohada, en la que vió recostada la cabeza de ella y sus mechones de pelo dorado cayendo sobre sus desnudos hombros. La contempló en silencio y en su bello rostro admiró su blanca y suave piel, sus hermosos ojos cerrados y sus aterciopelados labios, que tantas veces había soñado. Y mientras oía su pausada respiración, depositó el pequeño paquete bajo la almohada, intentando que ella no se despertara. Una vez lo logró, después de retroceder mirando hacia atrás, se encontró la suave mano de ella, que besó con suma delicadeza para no despertarla y decirle adiós…

Todo seguía en silencio. Había logrado su propósito de dejar sus regalos de Reyes, que con tanta ilusión había llevado hasta allí, saltando de tejado en tejado en esa fría noche de invierno. No sin una cierta pena en su corazón, miró amorosamente hacia ella y las niñas y saltó al suelo, dirigiéndose hacia la ventana, de nuevo. Le hubiera gustado ver la mañana siguiente, el Día de Reyes, la cara de ilusión de las peques, así como la cara de asombro de su mamá, al descubrir que esa misma noche habían llegado los Reyes Magos, sin avisar y sin que las hubieran despertado. Él sabía que, en cuanto abrieran los pequeños paquetes, descubrirían quién fue esa noche especial su amado Rey Mago, el anónimo portador de regalos, pero sobre todo de paz y amor! Y las tres sonreirían imaginándose que había sido un gato el que, viniendo desde muy lejos, les hubiera traído hasta allí la felicidad!

Y el gato se dirigió sigilosamente hacia la ventana y miró por última vez atrás. Las volvió a mirar desde la distancia, con una sincera mirada de amor. Se asomó a la ventana y desde ella saltó hasta el tejado y, con una amplia sonrisa en sus labios y contento, paso a paso, caminó de nuevo hacia su casa, atravesando de nuevo la negra y fría noche. Porque aquella noche había sido muy especial, por ser la primera Noche de Reinas juntos y porque su corazón ya la había convertido en la más mágica noche para quienes más amaba en este mundo… Y en esa noche también entendió por fin que los Reyes Magos de Oriente, en verdad, solo nos regalan felicidad si tenemos el corazón bien abierto y la dejamos entrar!

Feliz Noche de Reyes Magos!

 

PD: Si por casualidad esta noche oyeras a un gato como yo entrar por tu ventana, haz ver que duermes profundamente, no te asustes, solo te dejará la magia del amor y la paz que necesites para ser feliz… y luego se irá! ;-)

 

 

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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