mar
19
2014

19 DE MARZO: DÍA DEL PADRE

Creo que es el autor Josep Ramoneda que en su libro “Condición de padre” afirma acertadamente que “cuando tu hijo pequeño te aprieta tu dedo con sus manitas, descubres que estás unido a él para toda la vida“. Y es verdad, siempre y cuando sientas en tu corazón tu papel privilegiado de padre…

Evidentemente el padre para un niño es algo opcional y, al parecer, prescindible, así como la madre es un derecho adquirido, por nacimiento. Dicen que la madre es quien le transmite el Alma al bebé, desde la gestación hasta su nacimiento y primeros años de vida. Tal vez sea la razón -para mí incomprensible e irracional- de la posesión que hace una madre de su propio hijo, lo que muchas veces incluye supeditar su vida y su propia felicidad a éste. Para una madre su hijo es “carne de su propia carne“, metafórica y biblicamente hablando…pero un hijo siempre necesita una madre viva y feliz!

Pero el padre, en cambio, ha de ganarse su rol a pulso, paso a paso, día a día. El niño, sobre el papel, no necesita a su padre para nacer y seguir adelante. Es como un mal menor para muchas mujeres. Hoy por hoy y mientras no cambien las cosas, el hombre aporta su “simiente” en ese edulcorado e infantil cuento que se utiliza para describir de dónde vienen los niños, siempre que la mujer, la ciencia y la medicina no se alíen y se obstinen en lo contrario.

La verdad es que, por una causa o por otra, pocos hombres ejercen y disfrutan de su papel de padres! Y es que ser padre es un enorme privilegio, pues te permite enseñar y a la vez aprender de tus hijos. Siempre he dicho que tener un hijo es uno de los acontecimientos más trascendentales e importantes de la vida. Verlos nacer y crecer día a día siempre sorprende, ilusiona y emociona. Es una experiencia única, irrepetible y no comparable con ninguna otra…

Si además tienes la suerte de ganarte el papel de padre y logras sintonizar y crear complicidad con tu hijo, se convierte en una relación maravillosa, inigualable… siempre con el beneplácito de su madre, claro está! Pero, aún en la sociedad de hoy, demasiados hombres actúan como meros espectadores de la vida de su hijos, encomendándole el papel de madre y educadora a la mujer. Ellos quedan al márgen… a no ser que la providencia -o la juguetona vida- les regale un divorcio, lo que significa reencontrarse con sus hijos y descubrir que tal vez ya han crecido demasiado y son unos completos desconocidos…

Permíteme seguir ironizando al respecto. Solo te invito a que mires cualquier azaroso padre en el día de la recogida de sus hijos en casa de su ex-mujer para darte cuenta de su mucha o poca habilidad para con sus hijos. Muchos de esos padres logran conocer al fin a sus hijos cuando abandonan su hogar conyugal y se separan. Alguien dijo que no hay bien que por mal no venga! Lamentablemente los hijos muchas veces son moneda de cambio en cualquier proceso de separación o conflicto de pareja. Son solo el problema o la solución, aparentemente. La madre lucha por lo que es suyo, mientras el padre financiador -¿patrocinador viene de padre, quizás?- intenta por todos los medios que su inversión en forma de pensión alimenticia no sea demasiado alta…

La verdad es que, cada día más, me parece que vivimos en un mundo de locos. La madre renunciando a ser ella misma en favor de sus hijos, aunque su coartada sea su malentendido y demasiadas veces adictivo instinto maternal, mientras el padre solo se siente responsable de su paternidad cuando el juez dictamina la pensión alimenticia que deberá pasar a sus retoños, a cambio de liberarse de ellos una semana sí y otra no. Frivolizamos sobre la familia -que ahora llamamos monoparental, que es más cool-, nos consideramos singles cuando nos separamos y los hijos se convierten en una pesada carga para ambos progenitores que intentan desesperadamente rehacer su vida y disfrutar de la soltería y la libertad que conlleva, muy a pesar de sus hijos…

Por eso en una fecha como hoy, día del padre, se me ocurre hablar de los pocos o muchos padres que disfrutamos siéndolo, ejerciéndo como tales y enorgulleciéndonos de unos hijos que consideramos nuestros, aunque no los trajeramos al mundo. Un día para agradecer a las madres que, aún siendo nosotros solo hombres, nos consienten el derecho inapelable y el privilegio de ser padres, tal vez porque entienden que un niño necesita tanto de un padre como de una madre para equilibrar las fuerzas masculinas y femeninas de su personalidad. Y también es un día para agradecer a nuestros hijos la paciencia y el aguante que a veces han de tener con unos padres casi siempre demasiado inexpertos en amar y que aprendemos día a día a ser mejores padres… y, a la vez, aprendiendo a ser también mejores hijos…

De nuevo y una vez más, gracias a mi hija por concederme el privilegio de ser su padre… y quererle como le quiero!!!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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