may
4
2014

DÍA DE LA MADRE, FELIZ!

Trás cada mujer, hay una madre, tenga o no tenga hijos. Sean propios o no. Naturales o adoptados. Hijos o sobrinos. Eso hace peculiar a la mujer, se diga lo que se diga, incluso aquellas que reniegan o se lamentan de su condición femenina y de ser madre ejerciente. Eso hace a la mujer cocreadora y, de alguna manera, algo divina -tal vez como todos somos, un poco- y a la vez más humana que cualquiera…

Pero, aunque tener una madre es algo inevitable en la vida de cualquiera de nosotros -por cierto, no conozco a nadie que sobreviviera a más de una-, una madre es ante todo una persona, con sus luces y sus sombras, con sus fortalezas y debilidades, como cualquier ser humano. Pero ninguna mujer nace enseñada para ser madre. Se aprende con el uso y a fuerza de errores, como todos y todo en la vida. No hay madre perfecta, ni del todo imperfecta. Las hay severas, disciplinarias y rigurosas, de manual, como las hay más tolerantes y aparentemente despreocupadas. Las hay que saben amar… y las que aún no o simplemente no lo saben expresar!

Pero, si algo tienen en común todas las madres -¿o son las mujeres, en general?- es su constante y a veces desmedida preocupación por los hijos. Y, como suelo decirles, “¿amas a tu hijo? Pues confía en él, eso también es amarle, de verdad!” Las mujeres en general -y las madres, en particular- son capaces de supeditar su propia felicidad a la de sus hijos! Y eso es un defecto de serie que deberíamos subsanar, porque no hay regalo más grande e importante para un hijo que ver feliz a su madre… y así aprender el camino de la verdadera felicidad!

Si tuviera que escribir un manual de cómo ser madre (o de la vida, en general), empezaría diciendo que nadie puede dar lo que no posee de antemano, ni tan siquiera la felicidad. Seguiría diciendo que confiar es amar, así como lo es respetar. Y acabaría diciendo que nadie puede lamentarse o menospreciar algo tan grande como lo es la maternidad, el futuro emocional de la Humanidad! Luego, apelaría a la enorme capacidad que tienen todas las mujeres para usar el sentido común y el arte de la sensibilidad, no necesitan más. Les pediría que no se sientan únicas responsables de lo que sucede con sus hijos, pues ellos también tienen su responsabilidad y así ha de ser, con amor. También les recordaría que el mejor e infalible guía para cualquier madre ante a su hijo es su propio corazón. Y no creerse que enseñan a sus hijos, sino que también aprenden de ellos a cómo ser simples, espontáneas y sentirse felices, ante cualquier situación. Y, por último, recordarles que ser madre es un don, así como una invitación a mejorar como hija…

Felicidades a todas esas mujeres que tuvieron o tendrán la valentía de ser madres, en un mundo en que eso solo es una profesión más y para toda la vida, sin paro posible. Felicidades a todas las madres que lo son por amor, sin ser víctimas del rol de ser madres y que, gracias a ello, persiguen su propia felicidad para dejar a sus hijos el mejor patrimonio que una persona, ya sea hombre o mujer, padre o madre, puede regalar a quien ama, de verdad!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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