nov
12
2014

EN BUSCA DE LA FELICIDAD, PERDIDA (y II)

En busca de la felicidad, perdida (y II)

Continuación…

La felicidad no tiene un escenario concreto para ser vivida, ni puede ser inducida desde fuera por nadie. Aunque siempre he pensado que la felicidad es una opción en la vida, que se obtiene gracias a la libertad. Y sí podemos trabajar la libertad -que no es más que la ausencia de necesidad y de condicionantes- siendo conscientes de todo aquello que nos aleja de ella. El pasado no procesado, las obsesivas expectativas ante lo que queremos lograr -incluída esa felicidad inalcanzable que muchos preconizan y pretenden enseñar- o ese peligroso y común déficit de atención a lo que sucede en nuestro aquí y ahora.

Se aprende a ejercer la libertad y a entender y aceptar las reglas universales de la vida, lo que sin duda nos enseña a aceptar la realidad, marco necesario para ser feliz.

En este momento de mi vida creo cada día más que la felicidad viene dada por abandonar nuestra resistencia a ella. Sí, has leído bien, nos resistimos a la felicidad, aunque digamos querer encontrarla a cada momento! O, si lo quieres, somos felices cuando somos realmente libres y decidimos dejar de ser infelices! No hay más! Cuando apuestas por dejar de estar esclavizado por el pasado o por el futuro, por los demás o por las circunstancia solo externas y pasajeras, estás permitiéndote ser feliz.

Y, si estás bien atento, la vida te regala oportunidades para serlo, en forma de personas, momentos o lugares que, vividos con intensidad y atención, son motivos suficientes para sentirte feliz! No se anuncian, no llegan acompañados de marchas triunfales, incluso se trata de personas, momentos y lugares que desde siempre habían formado parte de nuestra vida. Solo que, a veces, pasaron desapercibidos y simplemente no nos dimos cuenta de su presencia o no los valoramos lo suficiente. El maestro aparece cuando el alumno está preparado…

Esa es la felicidad momentánea que se forja paso a paso en nuestro día a día. Simple y cotidiana y que solo exije que la sepamos ver, sentir y vivir desde el corazón, sin miedo. Más que nada porque es ese posible miedo el que nos quita la libertad de vivirla, nada más! Cuando, en cambio, cambiamos el miedo por amor -o confianza, que es casi lo mismo- esas personas, momentos y lugares cotidianos -pero ya entonces mágicos-, se convierten en fragmentos de nuestra felicidad y que podemos compartir, también por amor. Y, por decirlo de alguna manera, la suma de ellos configuran lo que podríamos definir como una “vida feliz”, aunque continuamente cambiante y aderezada con otros momentos de infelicidad, necesaria para aprender a no perder la atención del “aquí y ahora”.

La felicidad invita a prolongarse y la infelicidad te despierta de esa humana tendencia de convertirla en rutina y dejar de valorarla, cuando la sientes. Así, una y otra se complementan en una vida que, por definición, es permanentemente cambiante. Pero, al final, te das cuenta de que la felicidad no se busca, se encuentra cada vez que tienes el valor de vivir desde el corazón, abierto!

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Acerca del autor: Miguel Benavent de Barbera

Barcelona, 1960 Emprendedor social, consultor de empresa y formador. Coach, mentor de emprendedores y escritor.

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